Decepción: clave de la batalla del oblast de Járkov

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La guerra en el teatro de operaciones ha dado un sorprendente vuelco, donde la decepción (término militar de engaño) del supuesto débil (Ucrania) contra el imaginado fuerte (Rusia) ha brillado esplendorosamente. Tal decepción comenzó hace varias semanas con una publicitada contraofensiva en la zona de Jersón, que tendría por finalidad expulsar a las tropas rusas desplegadas al oeste del bajo Dniéper hacia el otro lado del río. Una acción que, según Kiev, podría alcanzar Crimea. Comenzaron los ataques desde Mikolaiv y Krivoi Rog en direcciones, respectivamente, hacia Jersón y Nova Kajovka, con especial virulencia contra los puentes (obras de fábrica y de circunstancia) por los que fluye el apoyo logístico ruso entre ambas riveras del Dniéper. Simultánea y esporádicamente, se bombardearon objetivos puntuales en Crimea. Tales acciones, magnificadas en medios y redes, movieron al Estado Mayor General ruso a dar credibilidad (elemento esencial de la decepción) a la contraofensiva en el sur del país y, consecuentemente, al refuerzo allí con tropas extraídas de, entre otros, el frente de la zona de Járkov.

Tal escenario favorecía la acción ofensiva ucraniana, iniciada hace una semana desde el sur de Járkov. Tras el ataque y ruptura del frente, las tropas ucranianas lograron ampliar la brecha inicial, permitiendo el paso en fuerza de los siguientes escalones. Las tropas rusas, escasas y en pobre disposición defensiva (su «vocación» era ofensiva), tuvieron que replegarse bajo presión y, en algunos casos, con cierto desorden. Lo que propició que las ucranianas, en alrededor de treinta horas, alcanzaran Balaklyia, importante nudo de carreteras y ferroviario a orillas del Donetsk.

Asimismo, tras consolidar la ruptura, supieron aprovechar la sublime oportunidad ―no siempre al alcance de un atacante―, de materializar la finalidad de todo ataque: la explotación del éxito. Es decir, proyectarse rápidamente para alcanzar objetivos profundos en el terreno, sin importar dejar atrás bolsas enemigas (a ser limpiadas por escalones posteriores). Y se lanzaron hacia la línea del Río Oskil ante lo cual, el mando ruso, para evitar que las tropas ucranianas pasaran de la explotación a la persecución (en la que el objetivo ya no es el terreno, sino las tropas enemigas en desorden), se vio obligado a ordenar la retirada para intentar frenar a las ucranianas, apoyándose en el obstáculo del río Oskil. Estas últimas, tras una penetración de alrededor de 60 kilómetros, alcanzaron Kupiansk e Izium, dos importantes bases logísticas de las tropas rusas, logrando así una gran victoria que solo diez días antes era insospechable.

Ahora, aunque las noticias del frente son confusas, las tropas ucranianas, desde Izium, amenazan a las rusas en la zona de Liman y, con ello, ponen en cuestión la continuación de la ofensiva rusa hacia Sloviansk y Kramatorsk, así como su intención de ocupar, antes del invierno, todo el oblast de Donetsk.

Consecuencias

Esa brillante ejecutoria ucraniana tiene múltiples consecuencias, más allá de la gran extensión del territorio liberado que podría evaluarse alrededor de los 7.000 km2. Entre ellas, destaca un fuerte impulso de la moral de las tropas ucranianas, a la vez que un tremendo golpe a la de las rusas. Sirve, asimismo, como justificación e incentivo para los países donantes de la ayuda militar a Ucrania, cuando la «fatiga de guerra» parecía cundir entre ellos. Y podría tener repercusiones políticas en el Kremlin de insospechado alcance que ―como suele suceder―, se concretaría, en primera instancia, en una purga en el mando militar.

Resulta difícil entender cómo ha sido posible que las tropas ucranianas pudieran acumular los medios necesarios (tropas, armas, municiones, combustibles, alimentos, etc.) para tomar la iniciativa del ataque, sin que el adversario ruso lo advirtiera. O que, habiéndolo detectado, no lo valorara adecuadamente. Cualquiera de las dos posibilidades denota un fallo garrafal de inteligencia, que muestra el valor del principio complementario de la sorpresa, como multiplicador de los efectos de la fuerza propia y debilitador de la cohesión del adversario.

En fin, esta batalla del oblast de Járkov es parte de una guerra ―que continúa―, y que exhibe demasiados rasgos «clásicos». Un conflicto bélico que se dirime físicamente en el terreno bisagra (acudiendo a la visión geopolítica del profesor Florentino Portero) entre el continente asiático y su península europea. No resulta pues extemporáneo meditar sobre la vigencia de la decepción, acudiendo al pensamiento de Sun Tzu, el gran estratega chino: «Cuando seas capaz, finge incapacidad; cuando estés activo simula inactividad; ofrece al enemigo un cebo para seducirlo; finge desorden y atácalo; simula inferioridad y enfrenta su arrogancia».

SOBRE EL AUTOR

Pedro pitarch

El autor es teniente general retirado del Ejército de Tierra. Fue jefe del Eurocuerpo y de la Fuerza Terrestre y director general de Política de Defensa en el Gobierno de Zapatero. Ocupó la jefatura de la División de Estrategia y Cooperación Militar del Estado Mayor de la Defensa, así como de la División de Logística del Mando Supremo de la OTAN..

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