Eduardo VIII, el Rey que abdicó antes de ver su cara en las monedas

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No es algo inmediato, lleva su tiempo, pero poco a poco los británicos dejarán de intercambiar monedas y billetes con el rostro de la Reina Isabel II. Con su muerte y la llegada al trono de su hijo, Carlos III, estos serán uno de los muchos símbolos que deberán actualizarse. Se calcula que las piezas de la Reina pueden tardar más de dos años en desaparecer de la circulación, aunque la maquinaria para fabricar las nuevas con el rostro del nuevo monarca ya se ha puesto en marcha. Sin embargo, hubo un Rey que no llegó a ver su cara en las monedas. Eduardo VIII, el tío de la recién fallecida Isabel II, tuvo un reinado tan breve que no dio tiempo a ponerlas en circulación.

Era precisamente su rama familiar la que estaba destinada a seguir reinando, pero fue su romance con Wallis Simpson, una mujer estadounidense divorciada en varias ocasiones, la que le puso entre la espada y la pared y le convirtió en uno de los reyes más breves de la historia.

Subió al trono el 20 de enero de 1936 tras la muerte de su padre, el Rey Jorge V, pero sus intenciones de casarse con Simpson entorpecieron su reinado. Las leyes eclesiásticas no permitían casarse con una mujer que ya había contraído matrimonio, y más en esta ocasión, ya que ella lo hizo hasta en dos ocasiones. Las alternativas del monarca eran tres: renunciar a casarse, hacerlo en contra del Gobierno británico, que amenazaba incluso con dimitir y provocar nuevas elecciones, o abdicar.

Eduardo no quería renunciar al matrimonio con la mujer que amaba, pero tampoco estaba dispuesto a llevarlo a cabo con las consecuencias que sabía podría tener, así que el 10 de diciembre de ese mismo año se convirtió en el primer Rey británico en abdicar de forma voluntaria. Ese día firmó los instrumentos de abdicación, que fueron ratificados el día siguiente, en el último acto de su reinado con la aprobación real del Acta de la Declaración de Abdicación de su Majestad. El trono pasó de esta forma a su hermano pequeño, Alberto, progenitor de Isabel II.

En sus apenas 10 meses de reinado ya se había comenzado a la renovación de ciertos símbolos habituales cuando se produce una sucesión al trono, entre ellos las monedas. Sin embargo, estas, previstas para entrar en circulación en 1937, no llegaron a ver la luz dado que la abdicación se produjo apenas unos días antes. Las piezas fueron destruidas y se estima que solo se salvaron seis de ellas: cuatro están en manos de museos y otras dos pertenecen a coleccionistas.

Una moneda de Eduardo VIII se convirtió en la pieza de numismática británica subastada más cara de la historia al venderse por 2,28 millones de dólares

Hace solo un año, en abril de 2021, se subastó en Dallas, Texas, una moneda soberano de 5 libras catalogada como «patrón», emitida en 1937. Esta pieza, que no llegó a ponerse en circulación porque estaba previsto hacerlo al comienzo del año, se convirtió en la más cara vendida en una subasta por 2.280.000 dólares tras salir a puja por un precio inicial de 1.000.000.

Según Cristiano Bierrenbach, vicepresidente ejecutivo de numismática internacional en Heritage Auctions, firma que llevó a cabo la subasta, «el oro de 5 libras de Eduardo VIII es uno de los mayores premios de la numismática británica. Sin concesiones en términos de belleza y calidad, esta moneda es una de las menos de media docena que se cree que están en manos privadas».

La moneda fue acuñada en oro de 22 quilates y es un poco más pequeña y ligera que una moneda de una libra moderna, mide 22 mm de diámetro y pesa 7,98 gr. Se estima que se fabricaron más de 200 troqueles de monedas, medallas y sellos que fueron destruidos tras la abdicación del Rey. La Royal Mint británica tiene una de las seis piezas que existen y está expuesta al público en su museo, The Royal Mint Experience.

Eduardo VIII fue el único que se saltó la tradición de alternar el lado de su retrato y pidió que saliera su perfil izquierdo en las monedas, el mismo que su padre

En ella se observa el perfil izquierdo del entonces Rey, dejando ver la raya de su peinado. Pero lo cierto es que, según la tradición, debía ser su otro perfil el que figurara en las monedas. Hasta entonces, los monarcas alternaban el lado hacia el que miraban sus retratos y, dado que su padre lo había hecho hacia la izquierda, él debía hacerlo hacia el lado contrario, el derecho. Sin embargo, fue el propio monarca el que insistió para que su retrato fuera también hacia el lado izquierdo.

Su hermano, coronado como Jorge VI, continuó la tradición y posó hacia el lado que originalmente le correspondía, el izquierdo como su abuelo y que repetirá Carlos III en las nuevas monedas, mientras que el retrato que durante décadas ha permanecido en el bolsillo de los ciudadanos británicos de Isabel II muestra su perfil derecho.

De hecho, el Reino Unido y parte de la Commonwealth se encuentra ahora con la problemática de retirar de la circulación las monedas y billetes de la Reina una vez que vean la luz las de Carlos III. Medios como ‘The Guardian’ estiman que hay alrededor de 4.500 millones de piezas que pueden tardar más de dos años en ser reemplazadas.

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