Los cocineros de la Reina Isabel II: de pelar zanahorias para sus caballos a servir a Su Majestad

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En 70 años de reinado, la Reina Isabel II, fallecida el pasado jueves 9 de septiembre, ha coincidido con siete Papas y 16 primeros ministros de Reino Unido. Ha sido coetánea a seis conflictos bélicos y 17 juegos olímpicos. Por los pasillos del palacio de Buckingham ha visto desfilar a innumerables profesionales que han trabajado en todo tipo de servicios para la Casa Real Británica. Entre ellos, uno imprescindible para la vida como es la cocina. La monarca más longeva de Inglaterra ha dejado para la historia una curiosa relación con la comida, sin ser una gourmet, en la que han participado directamente sus cocineros personales y, por ende, de la Familia Real británica.

Entre todos los profesionales que han tenido la enorme responsabilidad de dar de comer a Su Majestad, destacan Darren McGrady –en los años 80 y 90– y el actual chef oficial Mark Flanagan que llegó a palacio en 2002. Dos décadas en las que ha demostrado una discreción máxima, revelando muy pocos detalles sobre los gustos personales de la monarca. Flanagan es vicepresidente del selecto Club Chefs des Chefs que aglutina a 25 cocineros de jefes de estado de todo el mundo y del que también es miembro, por ejemplo, el responsable de las cocinas del palacio de La Moncloa.

Para el cocinero inglés, con una sólida carrera previa por países como Australia o Amsterdam, las preferencias de la Reina Isabel II eran verdaderos secretos de estado. «Si dijéramos cuál era su favorito, dondequiera que fuera, la gente intentaría darle eso. Después de enfrentarte cincuenta veces al mismo plato en una visita oficial, algo que te gusta deja de ser tu plato favorito», ha explicado cada vez que un periodista le preguntaba por la receta predilecta de la Reina.

Sí se atrevió a comentar en los medios aquellos alimentos o sabores que desagradaban profundamente a Su Majestad: el ajo, la cebolla, y los sabores fuertes y picantes en general. Flanagan trabajaba como jefe de cocina del exclusivo Club de Golf de Wentworth –cercano al castillo de Windsor– hasta que fue fichado por la Casa Real británica. Tomaba el testigo de chef como McGrady, convertido en un mediático cocinero que sí ha aireado y compartido los platos que preparaba a Isabel II.

Darren McGrady ante una imagen de la Reina Isabel II compartida con sus seguidores en su perfil de Instagram

También ha revelado detalles sobre la vida en las cocinas de palacio. Por ejemplo, que el primer trabajo de un pinche en ellas era pelar y tornear con perfección milimétrica –todas debían ser iguales– zanahorias para los caballos de la Reina. McGrady tuvo que hacerlo porque, a diferencia de Flanagan, no fue fichado. Fue él quien escribió una carta dirigida a la reina, en 1981, para solicitar formalmente formar parte de su equipo de cocina. Para su sorpresa, su carta fue respondida de forma afirmativa.

El cocinero, al servicio de Su Majestad desde 1982 hasta 1993, ha explicado en todos estos años en los medios ingleses que en las grandes cocinas de un palacio no hay lugar para egos. Entre otras tareas, sus cocineros podían preparar platos para una gran recepción o las tarrinas para los amados perros Corgi que han acompañado a la Reina Isabel II hasta los últimos días de su vida. McGrady acabó siendo su cocinero personal, con el enorme reto de alimentar a una reina nada ‘gourmet’ y que en los últimos años «comía para sobrevivir» en palabras de Flanagan.

Adicción al chocolate negro

El excocinero real expresó en algunas entrevistas los pequeños placeres de la reina. Desde el célebre ‘Jam penny sandwich’ de mantequilla y mermelada de fresa –un bocado que no faltó en su dieta desde la infancia– hasta su adicción al chocolate negro. «Pronto supe que la reina era adicta al chocolate. Le encantaba el chocolate negro. Todo lo que poníamos en el menú con chocolate negro era una apuesta segura», ha comentado en una entrevista publicada en la revista inglesa Newsweek solo un día después de su muerte.

La Reina Isabel II en un vídeo humorístico en el que revelaba el eterno secreto sobre qué llevaba en su bolso: un sandwich. Su favorito era el ‘Jam penny’ de mantequilla y mermelada de fresa

Pese a la frugalidad con la que comía la monarca británica, en las grandes mesas del castillo de Balmoral o de Windsor no faltaban platos elaborados con tesón y productos de calidad. McGrady ha comentado cómo la reina disfrutaba en las comidas familiares y oficiales, ante los invitados, presumiendo de los alimentos que se cultivaban, recolectaban o cazaban en sus tierras. «Le encantaba el venado de Balmoral y la perdiz y el faisán de Sandringham –la casa de campo donde pasaba las vacaciones de Navidad y donde nació y murió su padre el rey Jorge VI–. Recuerdo también que le gustaba que sirviéramos lomo de ternera con salsa de crema de champiñones al whisky», cuenta en la citada entrevista.

«La Reina Isabel II volvía locos a los chefs», ha comentado el cocinero sobre los peculiares gustos de Isabel II. Por ejemplo, le gustaba la carne muy hecha. La solía acompañar con pudín de Yorkshire, unos pequeños pasteles de masa, sustitutos del pan, y que se sirven con los asados de carne. También le gustaban las guarniciones sencillas como las chirivías asadas o el puré de patatas. Cada día recibía un documento con los menús del desayuno, el almuerzo, el té de la tarde y la cena. Si había algo que no le gustaba simplemente lo tachaba con una línea y no se servía.

Entre otras anécdotas personales, McGrady recuerda haber viajado a EE.UU. con la reina Isabel II en la cabina de un avión Concorde. Fue también el cocinero personal de Diana de Gales hasta su muerte en 1997. El cocinero sigue en activo en EE.UU. donde dirige un catering para eventos llamado Eating Royally.

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