Vox dilata la respuesta a Macarena Olona tras su desafío público a Santiago Abascal

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Vox recogió cable tras el fiasco de las elecciones andaluzas. El partido, consciente de que sus expectativas no eran reales y de que aún está lejos de PSOE y PP, se rearma para presentarse como una alternativa al bipartidismo, pero sin precipitarse ni caer en triunfalismos infundados. Paso a paso, y con voluntad de superar cada obstáculo que aparezca en el camino. El último, fuego amigo, es el pulso de Macarena Olona a Santiago Abascal.

Un mes y medio después del adiós a la política de la exdiputada por «razones médicas», Olona reclamó este viernes, públicamente, una reunión con Abascal para decidir si, otra vez, caminan juntos. La víspera, en una entrevista en esRadio en la que se vio al presidente de Vox notablemente incómodo, este había cerrado la puerta a esa opción alegando que Olona ya no pertenecía al partido y que era «libre». «Nunca me he ido», replicó ella.

En lo que es el primer contratiempo interno de relevancia para Vox, al menos a nivel mediático y político, el partido ha optado por la prudencia. Nada de respuestas en caliente ni en público. Abascal, pese a que fue directamente interpelado en Twitter, no ha respondido a su excompañera y nadie en su formación se pronuncia al respecto. Será este lunes, con toda seguridad, cuando el vicepresidente de Acción Política, Jorge Buxadé, contestará ante las seguras preguntas de los medios que asistan a la rueda de prensa convocada en su sede.

El de Olona es un rompecabezas no menor que se une a los que ya tenía Abascal sobre la mesa en este inicio de curso político. Uno de los aspectos que más se cuida es la relación con el PP. Un partido con el que Vox rivaliza directamente por el voto conservador, pero con el que también sabe que está condenado a entenderse. En Castilla y León, los dos comparten el que de momento es su único gobierno en coalición a nivel autonómico. Pero el PP prefiere la vía andaluza, con mayorías sólidas –en este caso absoluta– que le permitan regir en solitario.

Vox resta importancia a que aún no se hayan reunido Abascal y Feijóo, pero incide en la preferencia del PP por el PNV

Vox, en su mayoría de edad política tras cuatro años asumiendo roles secundarios en las instituciones, busca entrar en el mayor número de gobiernos posible, con La Moncloa como gran objetivo. Aunque las últimas encuestas no son las mejores que han tenido los de Abascal, el sondeo de GAD3 para ABC les relega a 38-40 escaños, en todas ellas –con la salvedad del CIS de José Félix Tezanos–, se evidencia que la victoria de Alberto Núñez Feijóo será estéril sin los diputados que logren.

Recelos por el nacionalismo

De momento, fuentes de la dirección de Vox restan importancia al hecho de que no se hayan reunido los líderes de los dos partidos, pero sí remarcan la preferencia de Núñez Feijóo por trabajar su relación con el PNV. En la formación de Abascal, reacia a todo acercamiento al nacionalismo catalán y vasco, inquietan las intenciones del presidente del PP, a quien ven especialmente atento con una formación que tradicionalmente ha prestado su apoyo a anteriores ejecutivos populares, el PNV, pero también con un espacio heredero de la posconvergencia que reniega de la radicalidad de Junts.

La alusión a un «catalanismo constitucionalista» que hizo Núñez Feijóo fue duramente criticada por Vox –también por Ciudadanos–, así como el hecho de que el líder de la oposición se vaya a ausentar de la manifestación que se celebra hoy en Barcelona en defensa del español.

Es significativo que este mes de septiembre Vox haya interpuesto ante el Tribunal Constitucional un recurso contra el decreto de la Generalitat de Cataluña que persigue esquivar la sentencia que obliga a impartir, al menos, un veinticinco por ciento de las clases en castellano. Ciudadanos fue el primero que planteó la posibilidad de recurrirlo, pero al no contar con los cincuenta diputados necesarios acudió al PP y lo interpusieron juntos en julio. Ninguno de los dos partidos se dirigió a Vox para aunar esfuerzos, lo que evidencia que los populares, pese a sus gobiernos fallidos y el avance hacia la desaparición de Ciudadanos, siguen prefiriendo el naranja al verde.

Abascal ha moderado sus formas en el Congreso tras las andaluzas, aunque mantiene su discurso intacto ideológicamente

Buxadé, el lunes en la rueda de prensa posterior al Comité de Acción Política de Vox, aseveró que, «por supuesto», su partido mantiene la «mano tendida» al PP para alcanzar acuerdos a nivel nacional y autonómico. Una actitud que no obsta para marcar distancias ideológicamente, como hacen en Vox cada vez que se presenta la ocasión. Esta semana lo han hecho con la cuestión catalana, pero también con aspectos como la energía, donde los de Abascal plantean una suerte de enmienda a la totalidad a la reducción de emisiones de hidrocarburos para combatir el cambio climático.

En cualquier caso, la situación entre Vox y el PP es mucho mejor, al menos desde la perspectiva de los primeros, desde que Pablo Casado abandonó la presidencia del partido, aunque quizás ideológicamente estuviesen algo más cerca. Abascal nunca perdonó a su otrora amigo el tono y los ataques que le dirigió en la moción de censura, donde Casado rompió con Vox de forma enérgica y el líder derechista quedó descolocado con su intervención, más dura que cualquier otra.

En el debate sobre el estado de la nación, Abascal incidió en el «respeto» que tiene a Núñez Feijóo, pese a las críticas que le dedicó porque, a su juicio, el líder de los populares se centra en la economía exclusivamente. Desde entonces, en el Congreso, Abascal ha moderado sus formas. Quizá también con intención de seguir la estela de sus homólogos suecos o el impulso de Giorgia Meloni en Italia.

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